Yo me quedo en casa

¿Tentación que no tienta?

Publicado: 2010-04-27

Las rodillas están juntas gracias a que los pies, en una posición forzada, tensa, están muy separados e inclinados hacia dentro, hacia sus empeines. Una posición más cómoda implicaría abrir las piernas y dejar ver el calzón o, incluso el vello púbico si la joven no usara esta prenda. Entonces acá se hace presente una demanda. A la bella joven le gustaría abrir sus piernas, liberarse de la tensión que junta sus rodillas. Ella está llamando a alguien que la ayude. Pero no hay que confundirse. En realidad ese llamado es una ”tentación diabólica” pues quien lo escucha, y acude a la cita, será devorado. Ningún ser humano puede enfrentarse al demonio que está encarnado en ella. En el encuentro sexual la seductora joven se tragará al varón. La imagen produce una mezcla de deseo con miedo. Siendo el miedo lo dominante pues se deja ver claramente, en ese hijo de sangre que cae de su boca, en esa mano que sobresale de la mochila, que la joven mujer está tendiendo una trampa, que la acometida del varón será su muerte segura. La celada de la joven significa que ella no quiere, en realidad, estar con alguien sino que quiere destruirlo. Ellos, los jóvenes que seduce, son su alimento. Su carne y su sangre la mantienen con vida, lozana y contenta.

Se trata pues de una feminidad letal. Seductora e incitante pero mortífera. Para salvar su vida los hombres tendrían que huir de ella, escapar de su poder de seducción. Ahora bien, si los personajes masculinos del film terminan siendo devorados por ella, la situación de los espectadores es muy distinta. Ellos son convocados a una visión aterrorizada de la bella joven. La imagen es siniestra. Habla de algo desconcertantemente familiar. Y es que simboliza algo real. Una posibilidad de la que preferimos no saber pero que tampoco podemos ignorar. Se trata del enorme poder del sexo femenino en tanto usado contra los hombres. En efecto, a la propuesta masculina, las mujeres pueden decir que sí o, también, que no. Y si dicen que sí, siempre les cabe la posibilidad de fingir una satisfacción que no sienten. O confesar que no sienten nada pero que poco les importa, lo que es un rudo golpe a la autoestima del caballero. Pero lo peor es descalificar al varón por torpe y feo. Hacerlo sentir no deseado, reducir, al mínimo, su potencia. Y todo ello apelando al supuesto que la responsabilidad del placer femenino recae en el varón.

Hacer un uso perverso de la sexualidad ha sido algo negado a las mujeres, en la medida en que se quieren asumir como buenas. No obstante el film sugiere que ahora se estarían apoderando de esta posibilidad. El antecedente es el clásico personaje de la bruja. Pero la bruja es vieja y fea. Y la protagonista del film es joven y bella. La belleza es una promesa de felicidad decía Baudelaire. Una suerte de fragmento del paraíso que sobrevivió la caída en este valle de lágrimas.

En el film, Jenifer (Megan Fox) es la joven desprejuiciada que busca intensidad a través del sexo. Ella quiere gozarse a todos los hombres que le resultan apetecibles. Pero luego de ser poseída por el demonio se alimenta de ellos.

El poster que publicita el film toca fibras sensibles en hombres y mujeres. En las mujeres convoca a una capacidad de seducción que es, en verdad una suerte de súper poder revanchista; y en el caso de los hombres, representa un desafío, suscita deseo y miedo, la esperanza de un despliegue de virilidad –contundente- que apacigüe el frenesí de la joven y el temor a sucumbir en el intento. En todo caso la imagen sobrecoge al espectador. Y va especialmente dirigida a la feminista que busca la revancha y al macho que se imagina invulnerable.

Pero, en realidad, lo que acá tenemos, es que un vínculo posible se presenta como el único, como si no hubiera otra forma de relación entre hombres y mujeres. El poder castrador de las mujeres y la empeñosa acometida de los hombres. En todo caso, la relación entre los sexos es de lucha y las mujeres ganan.

II

Al momento de estrenarse Diabólica Tentación (Jenifer´s body, en inglés) las expectativas de éxito eran muy altas. La belleza de Megan Fox y la propuesta de una feminidad mortífera parecieron una combinación imbatible. Pero, curiosamente, la película fue un fracaso de taquilla. Primaron el rechazo y el desinterés. La propuesta del film no fue acogida por el gran público.

Y es que el film promueve una guerra de sexos. Los hombres sacrifican a las mujeres en su intento de lograr la fama, de escalar las estrellas. Y entonces, las mujeres se convierten en demonios vengadores que asesinan a los hombres, tanto a los buenos como a los malos.

El fracaso comercial del film atestigua que el público rechaza el triunfo del mal, el goce sin ley, que el film propone como horizonte insuperable. Más específicamente la idea de una “belleza diabólica”, de una mujer que es una máquina de seducir y matar y que se alimenta de sus víctimas; y también se rechaza la muerte del caballero, del joven que no se deja seducir por la espectacular hermosura.


Escrito por

Gonzalo Portocarrero

Profesor de la PUCP. Ha publicado recientemente el libro "Profetas del odio. Raíces culturales y líderes de Sendero Luminoso".


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