no tenemos planeta B

Gustavo Gutiérrez

Publicado: 2011-07-01

La figura del R.P. Gustavo Gutiérrez representa –ejemplarmente- valores y logros que nos sentimos orgullosos de reconocer pues son el fundamento mismo de la comunidad universitaria.

Su obra es una fuente de inspiración, una muestra de lo que puede el esfuerzo y la tenacidad cuando están acompañados por la reflexividad y la elevación moral.

Esta obra es múltiple, compleja, fecunda. No obstante, creo que en la base de esta obra hay, digamos, una pretensión de autoría que nos convoca pues exige a los que venimos detrás a pensar también, desde nuestras propias circunstancias y con nuestra propia cabeza.

La apuesta a ser un autor, a producir una obra original, puede parecer desmesurada pues implica salirse de la repetición, abandonar los convencionalismos tan entretejidos en el sentido común, para hacer dialogar la experiencia con el saber, en una empresa que solo puede ser nutrida por la esperanza.

Si la teología es como dice Gustavo, una inteligencia de la fé, entonces el pensamiento teológico no puede ser un saber descontextualizado y definitivo. Es siempre un intento por responder a los desafíos a los que nos vemos confrontados desde una fe asediada y cuestionada por una realidad antievangélica. En el caso peruano, como también del resto de América Latina, se trata de la pobreza y la opresión social. De un orden marginador e injusto que ha sido, sin embargo, avalado por la invención de ese ídolo que es el Dios inquisidor imaginado por los poderosos. Gracias a la exaltación del sufrimiento como camino de la salvación el cristianismo colonial validó la injusticia. Claro que hubo resistencias a esta imposición. En este sentido la obra de Gustavo representa la maduración de una vivencia de la fe que tiene raíces hondas en la sociedad peruana. Hace poco escuché a Gustavo declararse ateo del dios inquisidor, ese dios que castiga y subyuga. Creo que en el cuento de la tradición oral quechua, el sueño del Pongo, recogido por José María Arguedas, se encuentra ya en germen la perspectiva de un dios liberador que busca encontrarse con sus criaturas. Lo decisivo del cuento es que el pongo advierte al gran patrón que para salvar su alma necesita renunciar a la injusticia.

Entonces no es casual que desde América Latina haya surgido un pensamiento teológico como el de Gustavo. Enraizado en un mundo social marcado por la injusticia pero también desarrollado en diálogo con el pensamiento contemporáneo.

II

Junto con la originalidad, el pensamiento de Gustavo se distingue por su apertura a razonar, desde la fe, el mundo de hoy. En este sentido, los grandes retos de la fe son, en la actualidad, el escepticismo postmoderno, la persistencia de la pobreza y, finalmente, el diálogo con otras religiones. Y es muy alentador y sintomático que se plantee estos retos recusando la “profecía de la desgracia”, ese temple entre desesperanzado y apocalíptico que, como dice Gustavo, “gustan tanto quienes se erigen a sí mismos en salvadores de los males de la época”.

De repente me equivoco pero creo que la obra de Gustavo no reclama discípulos, tampoco puede encerrarse en catecismos, me parece que es un llamado a dar testimonio del encuentro con el amor como sentido vertebrador de la vida.

Muchas gracias

Gonzalo Portocarrero

Presentación leída en el homenaje al R.P. Gustavo Gutiérrez, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Católica del Perú.


Escrito por

Gonzalo Portocarrero

Profesor de la PUCP. Ha publicado recientemente el libro "Profetas del odio. Raíces culturales y líderes de Sendero Luminoso".


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